
Un año de transformación
La función de Compliance en Latinoamérica está entrando en una nueva etapa. Durante años, buena parte de los esfuerzos de cumplimiento estuvieron concentrados en responder a obligaciones regulatorias, elaborar políticas, implementar controles y demostrar ante autoridades, auditores y grupos de interés que la organización contaba con programas adecuados.
En 2026 ese enfoque continúa siendo necesario, pero ya no es suficiente.
La tecnología, la inteligencia artificial, las nuevas expectativas sobre sostenibilidad, el fortalecimiento de la debida diligencia de terceros y una mayor preocupación por la cultura ética están transformando la manera en que las organizaciones gestionan sus riesgos.
El reto ya no consiste únicamente en cumplir. Consiste en anticiparse, utilizar mejor la información disponible, comprender los riesgos emergentes y lograr que Compliance participe activamente en la toma de decisiones de la organización.
Estamos pasando de un Compliance principalmente reactivo a un modelo cada vez más preventivo, tecnológico, integrado y basado en información.
Estas son cinco tendencias que consideramos marcarán la conversación y la agenda de los equipos de Compliance durante 2026.
1. Inteligencia artificial: de herramienta experimental a aliado del Compliance
La inteligencia artificial está dejando de ser una conversación sobre el futuro para convertirse en una herramienta concreta dentro de los programas de cumplimiento.
Su aplicación puede encontrarse cada vez más en procesos de análisis de información, identificación de patrones, monitoreo, clasificación de alertas, debida diligencia, evaluación de riesgos y gestión de reportes recibidos a través de canales de denuncia.
Esto puede transformar considerablemente la capacidad de los equipos de Compliance. Un proceso que anteriormente requería revisar manualmente grandes cantidades de información puede incorporar herramientas tecnológicas capaces de priorizar señales de alerta, encontrar relaciones y facilitar el análisis humano.
La inteligencia artificial también puede ayudar a que los profesionales dediquen menos tiempo a determinadas actividades operativas y concentren mayores esfuerzos en aquello donde su criterio genera verdadero valor: analizar, investigar, interpretar y tomar decisiones.
Pero incorporar IA también genera nuevos desafíos.
La calidad de los datos, los posibles sesgos de los modelos, la protección de la información, la privacidad, la explicabilidad de los resultados y la supervisión humana son asuntos que deberán formar parte de la conversación de los equipos de Compliance.
Por eso, una de las preguntas importantes de 2026 ya no será solamente ¿nuestra organización utiliza inteligencia artificial?
La pregunta será mucho más profunda:
¿Cómo estamos gobernando la inteligencia artificial que utilizamos?
La tecnología puede apoyar las decisiones de Compliance, pero la responsabilidad sobre esas decisiones continúa siendo humana.
2. Sostenibilidad: Compliance tendrá un papel cada vez más importante
La sostenibilidad está dejando de ser un asunto exclusivo de las áreas ambientales, financieras o de responsabilidad social.
Las organizaciones enfrentan mayores expectativas respecto de la calidad, trazabilidad y confiabilidad de la información que comunican sobre sus impactos ambientales, sociales y de gobierno corporativo. Esto está generando una conexión cada vez más evidente entre sostenibilidad, gestión de riesgos, gobierno corporativo y Compliance.
Los equipos de cumplimiento cuentan precisamente con experiencia en varios de los elementos necesarios para fortalecer estos procesos: controles, políticas, matrices de riesgo, debida diligencia, documentación, mecanismos de reporte, trazabilidad de información y seguimiento.
Los riesgos relacionados con corrupción, derechos humanos, terceros, conflictos de interés, cadena de suministro, transparencia y gobierno corporativo también comienzan a conectarse con las estrategias de sostenibilidad de las organizaciones.
Esta evolución representa una oportunidad para que Compliance amplíe su participación dentro de la estrategia empresarial.
No se trata de trasladar toda la responsabilidad sobre sostenibilidad al área de cumplimiento. Se trata de reconocer que muchos de los mecanismos utilizados tradicionalmente por Compliance pueden contribuir a que los compromisos de sostenibilidad sean verificables, trazables y gestionables.
Durante 2026 veremos organizaciones buscando integrar estos asuntos en lugar de administrarlos como mundos completamente separados.
Porque la sostenibilidad sin controles, seguimiento y evidencia puede quedarse simplemente en una declaración de buenas intenciones.
3. Debida diligencia: conocer al tercero una sola vez ya no será suficiente
Durante muchos años, la debida diligencia funcionó principalmente como una fotografía.
Antes de vincular a un cliente, proveedor, contratista, empleado, inversionista o aliado comercial, la organización recopilaba determinada información, consultaba algunas fuentes, evaluaba los resultados y posteriormente aprobaba o rechazaba la relación.
Pero existe un problema fundamental: el riesgo de una contraparte no permanece estático.
Una persona o empresa que hoy no presenta señales relevantes puede posteriormente aparecer relacionada con una investigación, adquirir una condición que modifique su perfil de riesgo, enfrentar una sanción, cambiar su estructura societaria, incorporar nuevos beneficiarios finales o presentar acontecimientos que requieran una nueva evaluación.
Por eso, la debida diligencia está evolucionando desde una actividad realizada únicamente durante la vinculación hacia un proceso continuo de conocimiento y monitoreo de las contrapartes.
La lógica empieza a cambiar.
Ya no se trata simplemente de consultar, aprobar y archivar. El nuevo modelo implica identificar, evaluar, vincular, monitorear, detectar alertas y reevaluar cuando las circunstancias lo requieran.
La tecnología está acelerando esta transformación.
Las herramientas de KYC, screening, consulta de listas restrictivas, monitoreo y análisis de información permiten administrar grandes cantidades de contrapartes y detectar cambios relevantes con mayor oportunidad.
Sin embargo, tener más información no necesariamente significa tomar mejores decisiones.
El verdadero valor aparece cuando esa información está conectada con criterios de riesgo previamente definidos y genera acciones concretas dentro de la organización.
Por eso, uno de los grandes desafíos de 2026 será integrar mejor las herramientas tecnológicas de debida diligencia con los modelos de riesgo y los procesos internos de decisión.
El futuro de la debida diligencia no estará únicamente en consultar más fuentes. Estará en comprender mejor la información y reaccionar oportunamente frente a los cambios en el riesgo.
4. Cultura ética: tendremos que empezar a medir lo que antes solo percibíamos
Muchas organizaciones cuentan actualmente con códigos de ética, políticas anticorrupción, programas de cumplimiento, capacitaciones, procedimientos para gestionar conflictos de interés y canales de denuncia.
Sin embargo, existe una pregunta mucho más difícil de responder:
¿Todo esto está cambiando realmente el comportamiento de las personas?
Este es uno de los grandes desafíos para los equipos de Compliance.
Durante años hemos hablado de cultura ética como un concepto fundamental, pero difícil de medir. Las organizaciones conocen la importancia del liderazgo, el ejemplo de la alta dirección, la comunicación y la confianza, pero convertir estos elementos en información que permita tomar decisiones continúa siendo un reto.
Esto está empezando a cambiar.
Las organizaciones cuentan con diferentes fuentes de información que pueden ayudar a comprender su cultura: participación en capacitaciones, consultas realizadas por los colaboradores, conflictos de interés declarados, reportes recibidos, tiempos de respuesta, reincidencias, resultados de investigaciones, áreas con mayor concentración de incidentes y percepción de confianza frente a los mecanismos internos.
Los canales de denuncia pueden convertirse en una fuente particularmente importante de información.
Y aquí debemos evitar una interpretación frecuente: un mayor número de reportes no necesariamente significa que una organización tenga más problemas éticos.
En determinadas circunstancias puede significar precisamente lo contrario.
Puede indicar que los colaboradores conocen el canal, confían en él y sienten que pueden expresar sus preocupaciones sin temor a represalias.
Por eso, medir únicamente el número de denuncias puede conducir a conclusiones equivocadas.
La conversación debe evolucionar hacia indicadores que permitan comprender mejor la confianza, la transparencia, la prevención, la capacidad de respuesta y la percepción de integridad dentro de la organización.
Durante 2026 veremos mayores esfuerzos por transformar la cultura ética de un concepto intangible en una dimensión que pueda observarse, analizarse, medirse y gestionarse.
5. Compliance será cada vez más colaborativo y regional
Los riesgos empresariales dejaron hace tiempo de respetar fronteras.
Una organización colombiana puede tener proveedores en México, clientes en Panamá, inversionistas en Estados Unidos, operaciones en Perú, socios comerciales en otros países y plataformas tecnológicas alojadas en diferentes jurisdicciones.
Los programas de Compliance inevitablemente tendrán que evolucionar bajo esa misma lógica.
Los riesgos relacionados con corrupción, lavado de activos, fraude, protección de datos, terceros, cadenas de suministro, inteligencia artificial y sostenibilidad tienen cada vez más componentes regionales e internacionales.
Esto está impulsando una mayor necesidad de intercambio entre profesionales de distintos países, organizaciones, sectores y especialidades.
Oficiales de cumplimiento, abogados, auditores, investigadores, responsables de riesgos, especialistas en tecnología, profesionales de sostenibilidad y miembros de juntas directivas enfrentan problemas que están cada vez más interconectados.
El conocimiento aislado empieza a perder terreno frente al conocimiento compartido.
Esto representa una oportunidad especialmente importante para Latinoamérica.
Nuestra región necesita fortalecer comunidades profesionales capaces de compartir experiencias, analizar cambios regulatorios, discutir nuevas tecnologías, conocer casos empresariales y construir mejores prácticas adaptadas a nuestra realidad.
No se trata de copiar automáticamente modelos desarrollados en otras jurisdicciones.
Se trata de aprender de las experiencias internacionales, comprender nuestras particularidades y elevar conjuntamente los estándares de ética, integridad y cumplimiento de Latinoamérica.
El Compliance de 2026 será más tecnológico, pero también más humano
Estas cinco tendencias tienen algo en común.
La tecnología tendrá una presencia cada vez mayor dentro de los programas de Compliance, pero las personas continuarán estando en el centro del sistema.
Podremos utilizar inteligencia artificial para identificar señales de alerta.
Podremos utilizar tecnología para monitorear terceros y fortalecer la debida diligencia.
Podremos utilizar analítica para construir mejores indicadores.
Podremos implementar plataformas para administrar canales de denuncia, investigaciones y programas de cumplimiento.
Pero seguiremos necesitando profesionales capaces de interpretar información, cuestionar resultados, comprender contextos, investigar situaciones complejas y tomar decisiones éticas.
La tecnología no elimina el criterio profesional. Por el contrario, puede hacer que ese criterio sea todavía más importante.
Quizás esa sea una de las principales transformaciones que estamos viviendo.
Compliance está dejando de ser percibido exclusivamente como una función encargada de administrar obligaciones para convertirse progresivamente en una función capaz de anticipar riesgos, generar confianza y contribuir a construir mejores organizaciones.
Y ese desafío no pertenece únicamente a los Oficiales de Cumplimiento.
Nos involucra a todos.
Una conversación que queremos construir en Latinoamérica
Desde Compliance & Ethics LATAM queremos contribuir precisamente a esa conversación.
Queremos construir una comunidad donde profesionales, organizaciones, especialistas, académicos y líderes puedan compartir experiencias, conocimiento, herramientas y nuevas perspectivas alrededor de la ética, el Compliance, la gestión de riesgos y las tecnologías que están transformando nuestra profesión.
Latinoamérica enfrenta desafíos particulares, pero también cuenta con profesionales, empresas y experiencias que pueden aportar enormemente al desarrollo del Compliance a nivel regional.
Conectar ese conocimiento es parte del propósito de esta comunidad.
Porque muchos de los desafíos que enfrentamos son comunes y, probablemente, muchas de las soluciones también podamos construirlas juntos.
¿Cuál de estas cinco tendencias consideras que tendrá mayor impacto en tu organización durante 2026?
Sobre el autor
Carlos Andrés Andrade
Consultor en Ética Empresarial, Compliance, Gobierno Corporativo y Gestión de Riesgos.
Especialista en Aseguramiento y Control Interno, con experiencia en sistemas de cumplimiento, prevención del fraude, gestión de riesgos y gobierno corporativo. Promueve la incorporación responsable de tecnología e inteligencia artificial como herramientas para fortalecer la ética, la transparencia y el Compliance en las organizaciones.
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